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Tras los pasos de nuestra niñez
En el arte la contemplación de una obra estática es una constante, pero esta vez el Museo de Arte Latinoamericano (Malba) propone una posibilidad de dinamismo, de cambio, de movimiento y acción.
El recorrido comienza en una sala pintada de amarillo eléctrico que traslada a los cuartos de juego de los niños. Allí, expuesta en vitrinas, se encuentra parte de la obra de Joaquín Torres-García. Este artista uruguayo, en los años 20´, buscó establecer un diálogo entre el arte y la infancia a través de las formas, líneas, colores y movimiento. En oposición al juguete típico creó objetos de madera pintada y desarmables. Su intención era que el niño aprendiera jugando, que pudiera crear y descubrir con juguetes que lo acercaran a la realidad de las cosas. El juguete no debía ser algo fantástico ni divertido, sino que la diversión consistía en la capacidad de crear y experimentar. Camiones, barcos, autos y casas de formas y colores simples. Animales, marionetas y personas de madera, sin embargo sus piezas pareciera que se mueven por sí solas invitando a tocarlas y jugar con ellas.
Ahora que el juego es el punto de partida, el Malba propone continuar el recorrido por las salas de la colección permanente del museo, para ver otros artistas latinoamericanos que explorando la propuesta de Torres-García crearon sus propias obras transformables.
Siguiendo las figuras colocadas por el museo en la pared o en el piso a modo de pista, llaman la atención obras que invitan a la participación del espectador (aunque la paradoja es que no pueden ser tocadas). Entre ellas, obras del arte óptico y cinético buscan que el espectador apriete un botón o se desplace físicamente para observar las vibraciones y juegos visuales. El objeto de piezas de madera que Gyula Kosice llamó Röyi, invita a que el espectador pueda manipular y reinventar, articulando, rotando y trasladando sus piezas. El rompecabezas de pinturas en blanco y negro de Jorge de la Vega es un esquema de piezas movibles con los que se puede crear un dibujo de formas y figuras infinito.

Esta muestra quizá sea una oportunidad para dar un paseo por nuestra infancia y despertar aquella sensación de juego y curiosidad que los niños llevan a flor de piel. Después de todo, como dice Torres-García: “Lo más importante es mantener el espíritu despierto, vibrante (…) Imita a los niños: juega. El mundo, tomado en serio, es antiartístico y triste. El arte tiene que traer al mundo la alegría. Sé extravagante, ¡juega!”.
Joaquín Torres-García. Aladdin. Juguetes transformables y Obras transformables. La colección permanente en acción, se puede visitar en el Malba hasta el 5 de noviembre.
Más información en: www.malba.org.ar.
Por María Florencia Sanz
Add comment Octubre 14, 2007




